Este marzo, Las Rozas se ha convertido en el epicentro global de… ¿la felicidad?
He tenido la oportunidad de asistir a la jornada inaugural del World Happiness Festival, centrada en el bienestar organizacional, donde líderes empresariales, agentes de cambio y expertos internacionales debatieron sobre este tema y vuelvo con una constatación muy positiva: la “felicidad” (el bienestar) en el trabajo ha dejado de ser una utopía de recursos humanos para convertirse en un pilar estratégico no negociable.
Atrás quedaron los días en los que el bienestar se resumía en poner fruta en la oficina y un futbolín. Lo que se vio en las mesas redondas y fast talks de este año es una madurez corporativa real. Una de esas fast talks la daba Pat Iglesias, nuestra increíble Directora de People, quien habló de cómo el miedo no reconocido se convierte en una cadena que merma el bienestar en cualquier organización y de cómo, detrás de un mal liderazgo, no necesariamente hay “malas personas”, sino miedos e inseguridades que, solventados, dan lugar a espacios seguros para que la organización crezca.
Además de esta, hubo dos intervenciones que marcaron mi paso por el festival. Por un lado, una charla realizada por Julio de la Iglesia (Técnico Especialista en Desactivación de Artefactos Explosivos), en la que se habló precisamente de la gestión del miedo y se señaló que el miedo no es una debilidad, sino una emoción necesaria que nos alerta del peligro, y que la valentía no es la ausencia del mismo, sino la capacidad de actuar a pesar de él. Por otro lado, la sesión de Víctor Krüpps, quien, con un enfoque tan esclarecedor como directo, nos recordó la importancia de volver a lo básico y poner el foco en lo que verdaderamente importa para vivir (y trabajar) con alegría, la importancia de la mentalidad de cada uno y nuestra responsabilidad en la gestión de contextos de cambio e incertidumbre.
En este evento se ve que la conversación sobre el bienestar en las organizaciones ya es técnica y profunda: hablamos de seguridad psicológica, de nuevos liderazgos, de comunicación bidireccional, de herramientas para diagnósticos medibles y de seguimiento para actuar con precisión. Ya no se trata de utilizar “buen ambiente” como eslogan de reclutamiento, sino de atraer y retener talento de forma seria con estructura, herramientas y conocimiento en un mercado que no perdona la toxicidad.
Sin embargo, entre tanta estructura y soluciones facilitadas por las empresas, me llevé una reflexión personal que creo que a veces pasamos por alto: ¿Qué estamos haciendo nosotros, como empleados, para que esto funcione?
La organización puede diseñar el escenario perfecto, pero si los actores no quieren salir a escena, la función se cae. La empresa tiene la obligación de abrir el espacio, pero nosotros tenemos el deber de ocuparlo. Para que este nuevo paradigma sea efectivo desde el equipo, debemos trabajar en varios pilares individuales:
Concluyo, entonces, que la felicidad en el trabajo no consiste en ignorar los problemas bajo la alfombra del falso positivismo, sino en construir juntos un entorno real y habitable. Es un esfuerzo coordinado entre la dirección, que facilita los medios, y el empleado, que decide abrazarlos con responsabilidad y confianza. Luchar para que el bienestar sea, de una vez por todas, una construcción colectiva para trabajar y vivir mejor.